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Elogio a la chapuza. Intelligent Design (III)

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Foto de Bjørn Christian Tørrissen [CC BY-SA 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0)] AVISO: si no has leído la   entrada anterior , te animo a que lo hagas. En caso contrario, es posible que no entiendas del todo lo que digo en la de ahora. Vimos en la anterior entrada como Michael Behe plantea un cierto desafío a la teoría de Darwin presentado el concepto de sistemas con complejidad irreductible. Según este autor, un sistema compuesto en el cual todas y cada una de sus partes son imprescindibles no puede surgir por alteraciones leves, como supone la teoría darwinista. Por tanto, tal y como el mismo Darwin indica, la teoría entera debe ser desechada. Como ya adelantamos, las peculiaridades del curioso animal de la portada tiene mucho que ver con la solución al desafío de Behe. Se trata de un pez que tiene un nombre a la vez bucólico y prosaico: se llama saltarín del fango... Es un pez muy asombroso desde muchos puntos de vista, pero lo que más nos int...

¡Te pillé, Darwin! Intelligent Design (II)

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Si llevas algo de tiempo siguiendo este blog, sabrás que Darwin es uno de mis ídolos. Me parece un grandísimo científico, que realizó –con rigor y profundidad– una inmensa tarea de análisis de las distintas especies antes de proponer su teoría. Además, como vimos en  esta otra entrada , supo reconocer los límites de su estudio y, aunque se declaraba agnóstico, tuvo la honradez de dejar claro que su teoría era perfectamente compatible con la fe en un Dios Creador. En este contexto, no deja de ser admirable que el mismo Darwin quisiera mostrar la forma en que se podría probar que su teoría era falsa. Como lo oyes: con una valentía bastante loable, en su libro “El origen de las especies” escribe lo siguiente: “ Si se pudiera demostrar la existencia de un órgano complejo cualquiera, que no haya podido ser formado por modificaciones numerosas, sucesivas y ligeras, mi teoría se desmoronaría ”. Así de claro lo dice. Por supuesto, esta afirmación fue un caramelito para todas...

El día en el que pensé que me echaban. Intelligent Design (I)

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Como alguno de mis lectores sabe, presenté mi tesis doctoral de filosofía en Roma, el año 2011. Me la dirigió el profesor Miguel Pérez de Laborda, a quien debo mucho y mando desde este humilde blog un fuerte abrazo. Reconozco que su título –El argumento teleológico del Intelligen Design – no tiene mucha pegada, es verdad. Pero, qué quieres que te diga: a mí me gusta. Un chascarrillo sobre el título. Cuando mandé la tesis a la imprenta, al pasarme las pruebas para revisarla, me dijo el técnico que habían "corregido la errata de la portada": pensando que era un error, habrían escrito argumento "teológico", en lugar de "teleológico". Gracias a Dios, llegamos a tiempo para corregirlo y todo salió bien... El caso es que mi tesis, que empezó siendo un análisis del argumento del  Intelligent Design  para demostrar la existencia de Dios , se acabó convirtiendo en una critica –constructiva, espero– a las ideas de este movimiento. Ya hablamos un poco ...

El inventor del chiste

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–Oye: ¿te sabes el chiste del cerdo y el mono? –Pues claro que sí. Todo el mundo lo sabe. –Sí, la verdad es que está muy extendido –A mí me lo han contado hace tiempo –A mí, ayer mismo. –Se ve que es la típica cosa que va de boca a boca, pasando de unos a otros. –Pero la verdad es que el tipo que se lo inventó debe de ser alguien con sentido del humor. –¿El que lo inventó? Yo no sé quien lo inventó. A mí me lo contaron. –Sí, ya lo sé. Pero alguien lo habrá inventado ¿no? –Bueno, no sé decirte. Si hubo un inventor que fue la primera persona que contó el chiste, entonces ¿quién le ha contado el chiste a ese inventor? –Emm... nadie... Lo inventó él ¿no?; por eso se le llama "inventor". –Ya, pero, alguien se lo habrá contado –Pero vamos a ver: estamos hablando del tipo al que se le ocurrió el chiste. No ha necesitado que nadie se lo contara... Simplemente, lo inventó. –Ya, pero, ¿quien le contó el chiste al inventor? –O sea, te explico: el invento...

Marte en la Tierra

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Ayer estuve con unos amigos visitando las minas del Río Tinto, en la provincia de Huelva, donde estoy pasando unos días. La verdad es que, aunque había oido hablar de ese lugar, no me imaginaba que fuera tan interesante. Y no solo por la grandeza de esas minas de cobre a cielo abierto, que son una auténtica maravilla de la ingeniería. Lo que más impacta es la corriente de agua que da nombre a las minas: el famoso Río Tinto. Este río es realmente único en el mundo. Lo primero que te impresiona de él es su intenso color rojo –de ahí su nombre, como ya te habrás imaginado– que le da una belleza exótica, casi irreal. Porque no es que la tierra del fondo sea roja: es que es roja el agua. Debido a las características del terreno, rico en piritas y calcopiritas, el agua del Rio Tinto tiene una enorme concentración de óxido de hierro –que le da ese intenso color rojo– combinado con nada menos que ácido sulfúrico. Este ácido, a la vez que pinta de amarillo los márgenes del río, da...

Darwin y el ADN: noviazgo y ruptura

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Pienso que todo el mundo estará de acuerdo en que Darwin fue uno de los científicos más importantes del siglo XIX. Se puede decir sin lugar a dudas que su teoría de la Evolución cambió completamente el mundo de la Biología, haciendo que esa ciencia diera pasos agigantados. Pero al afirmar esto no debemos olvidar una cosa muy importante: Darwin fue un eminente científico... del siglo XIX. Vamos, que ya ha llovido mucho desde que este gran inglés formuló sus teorías y la ciencia ha avanzado bastante en este siglo y medio. En concreto, en todo este tiempo ha surgido una disciplina completamente desconocida para Darwin: la bioquímica molecular, con su querida hijita, la genética molecular. En efecto, Darwin no sabía nada –no podía saber nada– del ADN. De hecho, ni siquiera sabía como eran las células por dentro. En aquella época los microscopios no daban para mucho y las células se entendían como una especie de "bolsas de líquido" que reaccionaban a una serie de impu...

La foto más cara de la historia

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Muy probablemente te haya llegado la noticia de que el pasado diez de abril fue publicada la primera fotografía de un agujero negro. La imagen fue obtenida por el consorcio Event Horizon Telescope (EHT), y es una nueva comprobación la existencia de estos desconcertantes astros, a la vez que vuelve a mostrar lo acertado de la teoría de la relatividad general de Einstein. Una anécdota curiosa: para realizar la famosa fotografía fue necesario procesar 5 petabytes de datos –es decir, 5000 terabytes, 5 millones de gigabytes– procedentes de siete observatorios de todo el mundo –uno de ellos en el Polo Sur– y mandarlos a Boston. Como te imaginarás, toda esa información no se podía mandar por correo electrónico... Después de darle algunas vueltas, los responsables del estudio decidieron la solución más sencilla y rápida: meter en un avión los discos duros –casi media tonelada– y mandarlos volando. Ríete tú de la banda ancha... Este gran paso en el estudio de los agujeros neg...